Al final, vale la pena

3 08 2010

Ayer fue día inhábil en Irlanda, por lo que aprovechamos para continuar el recorrido que iniciamos el domingo.

En esta ocasión, el párroco nos llevó a conocer el Este de Cork. Iniciamos nuestro recorrido en Cobh, ciudad donde el Titanic hizo su última parada antes de adentrarse en alta mar y dirigirse a su fatídico destino. Esta ciudad alberga una bellísima catedral dedicada a San Colman.

Después nos dirigimos a otra ciudad a la orilla del mar, Youghal. Como ya era hora de la comida, fuimos a un restaurante de mariscos. Los camarones en mantequilla de ajo y  las fresas con crema que pedí estuvieron deliciosos. Después caminamos a la Iglesia Colegiada de Santa María, una iglesia antigua que desafortunadamente pasó a manos Anglicanas durante el tiempo de la Reforma Inglesa.

La mejor parte del viaje vino después. Fuimos a la Abadía cistircense de Monte Melleray. Ahí tuvimos oportunidad de rezar Vísperas con los monjes, y luego tomar te y charlar con uno de ellos. De hecho, el título de este post viene de uno de los monjes. Después de servirnos el te, él se despidió recomendándonos que le echáramos ganas en el servicio a Dios, pues “al final, vale la pena.” Sin duda, el pasar un rato platicando con los monjes es una gran bendición.

Lo último fue manejar de regreso a la parroquia para cenar y prepararnos para una semana más de clases. Pero antes de irme a dormir subí las fotos a mi cuenta de flickr, y las puden ver haciendo click aquí.

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