
“Recibe esta patena con el Pan para la celebración de la Eucaristía y vive de tal forma que seas digno de servir la mesa del Señor y de la Iglesia”.
El domingo 6 de marzo, 52 compañeros y yo fuimos instituidos en el Ministerio del Acolitado en una Misa celebrada por S.E. el Cardenal James Stafford.
Este es sin duda un momento importante, pues es el último escalón antes de subir al Sagrario para ser ordenado diácono. Como nos dijo uno de los formadores en el contexto de la Hora Santa la tarde previa, las próximas tres veces que escuchemos nuestro nombre siendo llamado desde el Sagrario, serán para el Juramento de Fidelidad antes de la Ordenación Diaconal, la Ordenación al Diaconado, y la Ordenación al Sacerdocio.
En esta ocasión fuimos uno a uno con el Señor Cardenal, quien nos entregaba simbólicamente una patena con las siguientes palabras: “Recibe esta patena con el Pan para la celebración de la Eucaristía y vive de tal forma que seas digno de servir la mesa del Señor y de la Iglesia”. Cada uno de nosotros contestó “Amen”, como símbolo de nuestro compromiso de vivir de acuerdo a esta promesa.
Pero el acolitado no es sólo un paso más, sino que también asumimos otros roles en la Iglesia, y en particular en la Celebración Eucarística. La siguiente información la he encontrado en la página de internet de la Diócesis de Tlaxcala (México).
FUNCIONES DE UN ACÓLITO
La carta Apostólica “Ministeria Quaedam” nos dice que las funciones de un acólito son las siguientes:
1) El acólito queda instituido para ayudar al diácono y prestar su servicio al sacerdote.
2) Cuidar del servicio del altar.
3) Asistir al diácono y al sacerdote en las acciones litúrgicas, especialmente en la celebración de la Misa.
4) Distribuir la sagrada comunión como ministro extraordinario de la comunión, cuando faltan los ministros ordinarios, o están imposibilitados por enfermedad, avanzada edad o ministerio pastoral, o también cuando el número de fieles que se acerca a la sagrada Mesa es tan elevado que se alargaría demasiado la Misa
5) En las mismas circunstancias especiales se le podrá encargar que exponga públicamente a la adoración de los fieles el sacramento de la sagrada Eucaristía y haga después la reserva; pero no puede dar la bendición al pueblo (CIC c. 943)
6) Instruir a los fieles que ayudan en las acciones litúrgicas como son las de llevar el Misal, la cruz, los cirios u otras funciones similares. Todas estas funciones las ejercerá más dignamente participando con piedad, cada día mas ardiente, en la sagrada Eucaristía, alimentándose de ella y adquiriendo un más profundo conocimiento de la misma.
El acólito, destinado de modo particular al servicio del altar, aprenda todo aquello que pertenece al culto público divino y trate de captar su sentido íntimo y espiritual; de forma que se ofrezca diariamente a sí mismo a Dios, siendo para todos un ejemplo de seriedad y devoción en el templo sagrado y además, con sincero amor, se sienta cercano al Cuerpo místico de Cristo o Pueblo de Dios, especialmente a los necesitados y enfermos.
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